2.5.05

La arrogancia de legislar


He estado un par de días sin escribir por haber aprovechado el fin de semana largo para hacer un viaje, que siempre viene bien.

Me entero por El duende de los estravíos que Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid y oficiante de la boda de nuestro futuro jefe de estado y una divorciada (ahí no fue tan escrupuloso) se preguntó el sábado pasado en una homilía en la catedral madrileña de La Almudena si hay “alguna forma mayor de arrogancia” que, desde el poder, regular el derecho a la vida, el matrimonio, el trabajo o la familia “como si Dios no existiese”, en referencia a los matrimonios gays, el divorcio y el aborto.

O sea que según Antonio María el estado debería legislar siempre como si Dios existiese y cada vez que se plantease un nuevo proyecto legislativo preguntarse: ¿y de esto que pensará Dios? y como Dios habitualmente no suele hablar con los gobiernos directamente les deberían preguntar a sus interlocutores en el planeta Tierra, es decir, la iglesia católica. Esta informaría sin problema ninguno de la opinión que tiene Dios acerca de cada materia:
  • En una ley de horarios comerciales, Dios podría querer que se santificara el Domingo y que no trabajase nadie.
  • En una de Presupuesto generales del estado puede Dios quiere que se apoye a la iglesia católica con ingentes cantidades de fondos públicos.
  • En un plan hidrológico nacional, pues que no se debe hacer el trasvase del Ebro (aunque parezca increíble el Papa se metió en este tema también)
En fin que dada la complicación de estar siempre preguntando a la Santa Sede lo mejor sería que los ministros como en otros tiempos fuesen del Opus Dei, que parece que tienen línea directa con el creador y también con el Vaticano.

¿Cuando dejará tranquila la iglesia a la sociedad en general y se dedicará a aconsejar a sus fieles desde los púlpitos cada domingo?. Que al santo padre le parece mal que se casen los gays, pues en la siguiente misa: "que los que seais homosexuales que no os caseis y bla, bla, ...". Pero al resto de la sociedad que no tiene interés en seguir sus consignas que los dejen tranquilos. Y las leyes son para unos y para otros, exista o no exista Dios.

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